La Santa Realidad. Capítulo 12

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La Santa Realidad 8-4 Márgaras

RECUERDOS


Del partido contra Márgaras recuerdo episodios aislados.

Recuerdo a “Indecisión” definiendo virtuosamente de tres dedos con la izquierda a la salida del portero, y recuerdo a “Vicio” perdiendo un balón tontamente en medio campo que desencadenó el segundo gol en contra.

Recuerdo un partido raro. El rival vestido de azul encendido y nuestra Santa parchada. De viaje “Fraude” (Buenos Aires), “Mediocridad” (Atenas) y “Pasividad” (San Diego). Lesionados “Incapacidad” y “Cansancio”. Y dos refuerzos de última hora: el portero francés Adrián Guilles —que se mostró solvente, con buen juego de pies— y Rodrigo Quintero, central atrasado, sólido, intenso, de escuela catalana: casado con la idea de salir jugando con balón controlado desde abajo.

Recuerdo a “Maldad” recuperar un balón, pasarlo de dedos (técnica de golpeo que consiste en pasar los dedos por abajo del balón para que éste salga rotando en dirección inversa a la dirección que lleva, de tal manera que al botar se frene) y dejar solo a “Gula” frente al portero, y recuerdo a “Barbarie” erguido, sonriente, con las greñas recogidas con una cinta elástica a la altura de la nuca, a la usanza del ariete dark Paco “El Gatillero” Palencia.

Recuerdo la acrobática voz de “Olvido” —cuya facilidad para el sobreagudo ya es legendaria— comentando en la banca durante el descanso al equipo: “no podemos cambiar a dos defensas de golpe, nos rompe el equilibrio. Íbamos ganando 4-0 en 15 minutos; luego salieron juntos el central y un carrilero y nos metieron 2 al final. ¿Qué necesidad de complicarnos un partido fácil?”. Y recuerdo que durante el segundo tiempo regresó la Santísima aplanadora: cuatro goles en 10 minutos y después, otra vez, cambios mal planeados que significaron otros dos en contra.

Recuerdo a “Deuda” prender de aire, con la derecha, una media volea que reventó el poste izquierdo, y recuerdo a “Gula” sobreponiéndose al dolor de una lesión en el muslo muy antigua y conducir el balón a toda velocidad —enseñando los dientes y los puños cerrados a los costados—con su virtuosa zurda de inspiración argentina.

Recuerdo a “Barbarie”, fiel a sus supersticiones, tomar una fotografía al marcador: La Santa Realidad 8-4 Márgaras, y recuerdo que el capitán rival tenía su camisa azul encendido toda sudada y le dijo a su portero: “¡Chingada madre!, pudimos haber metido más goles”, y recuerdo haber pensado que sí, que nos pudieron haber metido otro par, pero que también se pudieron llevar 8 más, y que 16-6 hubiera sido, tal vez, un marcador más justo.

Recuerdo un pasaje oscuro del partido: cuatro o cinco minutos sin poder pasar media cancha; perder los balones tontamente a la salida, errar pases largos y salir con balonazos, y recuerdo un pasaje brillante: “Deuda” cambió el juego, de derecha a izquierda, con un pase raso a “Olvido”, quien pasó de primera a “Maldad”, quien, en el centro, fintó a uno y abrió a “Barbarie”, quien desbordó y cambió otra vez el juego, ésta vez por arriba, a “Vicio”, quien bajó de pecho y centró al área, en donde “Indecisión” se desmarcó de un movimiento y remató con la derecha para firmar su doblete. 

Recuerdo a Márgaras aceptando bien la derrota, estrechando nuestras manos sin malas caras ni quejas. Y recuerdo una noche de viento caliente, casi caribeña, para estar en shorts y sin playera: un clima que invitaba a la desnudez y a la fiesta.

Recuerdo ahora todas estas cosas en el sillón de la casa club con un mezcal en la mano. Esporádicos fragmentos futbolísticos que recuerdo en silencio mientras me emborracho. La celebración de nuestra victoria está en su apogeo. Vino, ron, música y cerveza.

“Deuda”, quien ha sido designado nuevo entrenador/capitán, habla sobre cómo David Bowie escribió con “Blackstar” un réquiem para su propia muerte. “Olvido” baila “Don´t You Want Me” de The Human League con las dos manos sobre el fierro negro de una lámpara colgante; mueve la cadera de un lado a otro muy lentamente, con mucho cuidado, mientras canta —los ojos cerrados— con su voz de contratenor “it´s much too late to find/ when you think you´ve changed your mind/ you´d better change it back or we will both be sorry/ don´t you want me, baby?”. “Barbarie” predica las ventajas de tener un corazón de condominio, y “Vicio” presenta un estricto reglamento interno, en donde hay puntos como “el jugador que durante el partido genere malestar entre los demás jugadores del equipo por gritos y malos tratos a los compañeros, se va a la banca inmediatamente”. En la mecedora, “Maldad” escucha a “Barbarie” con una sonrisa entre tierna y sarcástica y le advierte: “sólo ten cuidado que en tu condominio todas las inquilinas estén contentas; no vaya a ser que alguna, en un arranque de celos, te lo incendie”. Y todos se ríen alegremente excepto “Gula”, quien ha ido por un pastel y más cerveza a la cocina. Cuando regresa a la sala pregunta, “¿e Indecisión?, ¿en dónde está "Indecisión"?”, y entonces todo es confusión en la fiesta:

—   Dijo que iba a venir —dice “Vicio”.

—   Sí, estaba en la puerta de la casa club con nosotros —“Olvido”. confirma

—   Una mujer pasó en coche por él y se lo llevó. —revela “Deuda”.

—   Pero no se despidió de mí —“Gula” se queja.

—   Tampoco de mí —secunda “Maldad”.

—   ¿Quién era la mujer? —“Barbarie” inquiere.

—   No sé, no pude verla bien —lamenta “Deuda”.

—   Qué raro… voy a llamarlo —“Olvido” toma su teléfono—... no contesta…

—   ¡Pero dijo que iba a venir! —redunda “Vicio”.

—   Es que es un hombre tan noble que no sabe decir que no —“Maldad” justifica.

—   Supongo que por eso le dicen “Indecisión” —arriesga “Barbarie”.

—   Pues resulta triste que no esté aquí —“Gula” lloriquea— porque metió dos goles y había planeado celebrar entre todos su hazaña con un brindis en su nombre.

Y yo, mientras tanto, sigo bebiendo mezcal en el sillón y pienso—con un poco de placer y un poco de asombro—en cómo La Santa Realidad se ha convertido en la obsesión de mis últimos días. Es el equipo de futbol con el que siempre soñé. El futbol, que fue mi obsesión de niño, cuando soñaba con jugar profesionalmente en estadios ingleses. Un sueño tormentoso. Que nunca pudo ser del todo dichoso, que nunca pude soñar con absoluta convicción. Un sueño alegre que tantas veces me hizo sufrir.



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