La Santa Realidad. Capítulo 13

    • alex amor
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La Santa Realidad 4-2 Atlético Decadente

ODA A LA MEDIOCRIDAD


Lo conocí en Buenos Aires en el Barrio porteño de Balvanera en el año 2010. En ese entonces era más delgado, con unas cuantas canas menos y una chamarra marca Columbia color gris o azul marino. Ese detalle no lo recuerdo. Pero lo que sí recuerdo es que se presentó de una forma tan simpática que lo quise antes de que me extendiera la mano para saludarme. Su sonrisa era genuina, nada hipócrita; notabas de inmediato que de verdad le gusta conocer gente nueva.


Después de platicarle el proyecto en el que quería que se involucrara conmigo, escuché que ser director de cine era su sueño. Le dije que el mío era ser un reconocido publicista. Nuestra charla era tan amena y fluida que me di cuenta que él y yo compartíamos una de las cosas más lindas de este universo: LA PASIÓN.


Los encuentros no disminuyeron: las charlas sobre mujeres argentinas, política y fútbol fueron sellando una verdadera amistad. Muchas de ellas significaron una gran enseñanza; puedo decir que de él he aprendido bastante. En mi vida es un titular indiscutible que juega 85 minutos porque quieres sacarlo para que la hinchada lo ovacione. Un crack.


Como todo genio, es un poco temeroso. No le gusta hacer las cosas mal. No le gusta la mediocridad. Por ende, se siente temeroso cuando tiene que hacer algo que, cree, hará mal o se le complica. Por eso se negó cuando le comentamos sobre la posibilidad de que arrancara atajando para cubrir la sensible baja de “Indecisión”.

“Vicio”, a la inversa de Jorge Campos, cambió los goles por las atajadas y defendió los tres palos de la portería de La Santa.


Llegó el entretiempo. Un 2-2 en el tablero reflejaba lo cerrado que estaba el partido.  La Santa tenía que hacer algo si se quería llevar los tres puntos a la casa club y brindar por ellos.  “Vicio” entendió que su presencia era importante arriba. También lo entendió “Mediocridad”. Por eso aceptó mandar a la banca a su mas temido miedo y se puso los guantes.


Antes de arrancar el partido, “Mediocridad” le dijo a “Fracaso”:


  •  Dime que hoy me convierto en héroe.

“Fracaso” le agarró la cara y le dijo:


  •  ¡Hoy te convertís en Héroe!

El segundo tiempo comenzó y La Santa Realidad no se encontraba en el terreno de juego. El rival era difícil, rápido, inteligente; disparaba de larga, media y corta distancia; tocaba de primera y segunda intención.  Y tenía un tanque en el centro del campo que te recordaba que el sobrepeso no está peleado con el talento.


La media y la defensa de La Santa estaban totalmente desconectadas; los embates de los rivales eran más frecuentes que Claudio Suárez en las convocatorias de la selección mexicana de los noventa.


“Mediocridad” al principio se notó inseguro, pero con el paso de los minutos la confianza se apoderó totalmente de él: atajadas por abajo con desvío peligroso; salidas con los puños a lo Oswaldo Sánchez, colgadas de balón como Miguel Calero y despejes tan precisos como los de Chilavert. Empezó callado. Mudo. Después, empezó a gritar. No lo hacía mal. Indicaba y organizaba.


“Gula” entró de cambio y revolucionó un equipo con falta de orden.  Su frescura y desdén desequilibraron al mediocampo y a la defensa rival.  Los fantasmas de los penales empezaba a desaparecer de la mente de los jugadores de La Santa y se empezó a sentir una energía diferente: el partido se podía ganar.


Un Gol de “Barbarie” ilusionó. La Santa recuperaba la ventaja. En ese momento, la pasión de “Mediocridad” apareció y gritó una de las mejores frases que se ha escuchado desde que existe La Santa Realidad:


“¡ESTE PARTIDO SE GANA CON LA MENTE!”


“Gula” hizo un golazo de media cancha y se firmaba un sorpresivo 4-2.


Y sí, “Mediocridad” tenía razón una vez más: Este partido se ganó con la mente. Pero también con los huevos de “Barbarie” y el talento de “Gula”.


Cuidado Miguelito, que venimos motivados. 

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