La Santa Realidad. Capítulo 15

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Santa Realidad 1 - 2 Leones


Las derrotas suponen una fuga desordenada de un ejército vencido; el grupo se rompe, hay confusión y se busca refugio desesperadamente. Si a las derrotas se les agrega una buena dosis de vergüenza, bueno, no hay nada más que hacer: sólo se mira cómo el corazón se quema, tan rápido, silencioso y avasallador, como una llama abriéndose paso sobre un vaso de unicel.  

En la historia del futbol existen derrotas feroces y vergonzosas, como la del Mundial de 1982 cuando una potente Hungría le ganó 10-1 a una tímida selección de El Salvador y por primera vez en un estadio mundialista se anexó una improvisada pizarra de fierro para abrirla a dos dígitos y anunciarle al público una masacre en donde la expresión “abrió el marcador” tomaba cuerpo literal.

¿Qué habrá sentido Brasil en el mundial pasado cuando en 28 minutos Alemania le metió cinco goles de un total de siete que los eliminó de la copa que organizaban entre la sangre y lágrimas de un pueblo en llamas y de corazones rotos? El mundo se burló del que un día fuera el “jogo bonito” con la imagen de un hombre diciendo a una mujer: “Quisiera darte como Alemania a Brasil: ¡duro y en tu casa!”. Caras largas, el mar se había secado: “¡Foda-se a copa!”, y sí…se jodió la copa, mientras el humo de banderas verde-amarela ascendía entre la brisa que alguna vez envolvió el erotismo de una musa de cuerpo dorado del sol de Ipanema.

La Santa Realidad ha conocido ya la derrota y le sorprendió ver que también mata viendo a los ojos. Sin embargo, “La Santa” no ha querido ser únicamente espectadora y dejar que la derrota convierta a sus espíritus en unicel; no ha querido—como lo hacen tantos equipos—acostumbrarse a ella y quedar a sus servicios: bajar los brazos, perder el brillo de los ojos y permitir que los testículos se conviertan en meras bolsitas de agua en donde se reflejan las moscas.

Ejemplos de este miserable abandono hay muchos y muy claros, como el 7-0 de Chile a México en la Copa América Centenario.

El equipo que convive con sus miedos y tiene como ritual a la realidad no quiso “servirle” a nadie; no permitió ser presa de la especulación ni del peligro llamado “hubiera”. Sabe que la derrota puede ordenar sus tamaños y sus distancias de acuerdo a nuestra retina, pero nuestro corazón es el que reparte los acentos. Así fue como La Santa Realidad ordenó sus impulsos, sus diferencias y capacidades para el partido contra el líder general: Leones, que tiene entre sus filas a uno de los jugadores más completos de la liga: Andrés “El exquisito" Lara, quien se mueve a gran velocidad, es técnico, fuerte y tiene lo más difícil para encontrar en un jugador protagonista: humildad.

Leones y La Santa Realidad se dedicaron a jugar. Fue un partido de destreza y muy físico, disciplinado, limpio, sin espacio para la distracción. Partido cerrado y de buen toque; ambos equipos ordenados y técnicos: “El exquisito” techó a “Barbarie” y ante la duda de “Pasividad” se abrió a la izquierda y pateó un tiro fuerte y conciso que terminó entre las redes. Gran gol. Después, con base en el esfuerzo y adelantando lineas, “La Santa”, comenzó a tocar la puerta y así con un gran despliegue físico, “Vicio”, cubrió el balón hasta sacar un tiro dramático, que iba abriéndose camino entre piernas, cual machete en la jungla. El balón entró pegado al poste izquierdo, dejando al portero con una mueca que algo reclamaba a sus compañeros.

De allí el partido fue feroz, nadie había visto nunca la angustia en los ojos de quienes hoy llevan 30 puntos y han anotado 65 goles. La incertidumbre era compartida; el partido estaba para cualquiera. Minuto 4 del segundo tiempo, “Barbarie” pegado al “Exquisito”, esa era su labor: “debo marcar, morder, cansar, aburrir, anular, jorobar, estorbar, molestar, atosigar, enchinchar, contrariar, desconcertar al número 7”. Así desafinar el motor del rey de la selva. Balón dividido, “Barbarie” lanzó la pierna derecha, vio en cámara lenta su pie haciéndose del balón, “El exquisito” no quiso perderla y trató de puntear la esférica. El "8" de la “Santa” abrió más el compás de la pierna mientras la otra mitad del cuerpo se le quedó atascada; ambos jugadores chocaron el balón y al tratar de jalar la pelota hacia su eje, “Barbarie” se lastimó. Doble desgarre en la pierna derecha: los músculos semimembranoso y semitendinoso colapsaron; “¡ya valió madres!”, dijo el contención tirado en el suelo. La primera lesión de esas características en su vida. 

Ante la acción, “El exquisito” se mostró preocupado y con un gesto de fair play fue a preguntar a “Barbarie”: “¿Te lastimé?, perdóname, ¿estás bien?”  Lo ayudó a levantarse y ambos equipos aplaudieron el momento.

Fue el mismo “7”, quien minutos después tejió la jugada del segundo gol: avanzó a tres cuartos de cancha y cedió para el lateral izquierdo, a quien llamaban “Muñeco”, quien sin pensar lanzó un tiro raso y fuerte que cruzó a “Mamers”, el flamante nuevo portero de la Santa Realidad, protagonista del partido al no permitir al menos tres goles que estaban cantados. Jugador corpulento, una mole con reflejos propios del “Conejo” Perez. Todos se preguntaban: “¿Cómo logra mover tanto peso en fracciones de segundo?” “Mamers” es uno de los fichajes que ilusionan al equipo. La portería tiene un nuevo miedo que aterra al rival.

La "Santa" no se dejó caer y Leones comenzó a agotar sus piernas; veían sorprendidos el vaivén de “Olvido”, que suda la camiseta como todo romántico del futbol quisiera ver a cada jugador de su equipo: empapando la piel con amor. “Deuda” recuperando muchos balones en sector derecho, siempre calmo y seguro; marca fuerte y contundente, ¿cómo es que el bigote nunca se le despeina? Qué decir de “Pasividad”, quien ofreció uno de sus mejores partidos, salvando  un gol de la línea, concentrado, certero…injusto es el destino que, haciendo un partido prácticamente perfecto, hayan sido dos pequeñas distracciones de su lado que acabaron en anotación, pero no hay reclamo, al contrario, se le llenó la espalda de palmas. “Gula” con su fina zurda y sus poros sudamericanos, dando pinceladas en la cancha, cumpliendo labores también de sacrifico.

“Fracaso” efectuando funciones en medio campo e “Indecisión” (portero-delantero) arriba peleando balones, gran esfuerzo de ambos y qué decir del apoyo en las gradas, “Maldad” lesionado pero aconsejando a través de gritos lo que le decía su gran visión de campo; la hinchada: "La 12va. Realidad", siempre animando, sobre todo en los peores momentos: Renata, Caro, Mariana, Abby, Mila, Martina, Violetita, Ayolani, Jocelyn y Liz acompañadas de la calidez de Don Francisco Ruiz, el papá de los hermanos “Pasividad” y “Mediocridad”, un señor como pocos: cariñoso y concentrado en el juego. Fue él quien al medio tiempo rompió el protocolo, cruzó la cancha y dijo al equipo: “¡Presionen desde arriba, si lo hacen Leones está perdido!”; y así fue. “Mediocridad” con sus mensajes de amor a distancia mientras batallaba con “la muerte chiquita” sobre la porcelana, también se sintió la calidez de “Cansancio” e “Incapacidad”.

Al termino del juego, nos dimos las manos. El estratega de Leones se acercó y dijo: “Gran juego, pocos partidos como éste”.

La Santa Realidad FC. El “FC” no es de Futbol Club: es de Futbol en Colectivo.

Las derrotas suponen una fuga desordenada de un ejército vencido…No, no es cierto: las derrotas también están llenas de orden, dignidad y amor. De sangre y no de unicel, de ganas que se escriben con “H” y dejan de ser espejos para las moscas vanidosas.

¡Dios!…si las derrotas son así, invítame a perder. 

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