La Santa Realidad. Capítulo 17

    • balón en charco
    • balón en charco

La Santa Realidad 4-3 Alfa

Siempre puede volver a llover


Después de la tormenta, viene la calma. Tan cierto en la naturaleza como para “La Santa”…

Con una racha negativa sobre los hombros de los jugadores de remera negra y calzoncillos blancos, el partido del último viernes se vivía desde antes de siquiera volver a la cancha. Se vivía en el trabajo, en la almohada, en la mesa, en la ducha.

“La Santa”, como equipo de gran convicción y de cabeza serena, entendió que se puede perder y que del correcto análisis de la derrota depende la forma en que podría ponerse de pie y darle éxitos a esa hinchada que bien los merece.

Los días previos al partido fueron fríos, con viento y lluvia, como avisando que algo iba a pasar. Y pasó. “La Santa Realidad” llegó para encarar con coraje eso que tanto temía: la posibilidad de otra derrota que llenaría las mentes de toda clase de sentimientos y dudas acerca del andar del equipo. El vestidor estaba unido y concentrado, con el ánimo en el cielo, más allá de la multitud de nubes que encharcaron el césped sin darle un respiro.

El viernes por la noche los estragos de los días de lluvia eran notables en varias partes de la cancha. Vendas, calcetas y pies empapados era el pronóstico para ambos equipos. Se vería entonces qué equipo usaría la lluvia a su favor en la jornada 13, la de la suerte.

“Alfa” fue el rival en turno. Equipo determinado, muy técnico y aguerrido. Necesitado de puntos, “Alfa” no soltaría la victoria sin oponer resistencia. El azul profundo de su uniforme era el reflejo mismo de la adversidad. El escenario estaba puesto: los registros en manos del árbitro de silla y el reloj de brillantes luces rojas marcaba los veinte con doble cero. “La Santa” se plantó entonces en sus posiciones para comenzar un partido decisivo. El mensaje a la hinchada y a los compañeros lesionados era la promesa de esfuerzo, de entrega total.

Durante el primer tiempo, el juego tomó rumbo positivo para “La Santa”. Con juego de pases y cobertura eficaz en defensa, los portadores de los miedos creaban fútbol desde abajo. Con Raúl en el arco, “Olvido” (7) y “Deuda” (6), “La Realidad” arrancaba con fuerza las jugadas. En medio, al más puro estilo de Jorge Campos, “Indecisión” (14) ocupaba un lugar en cancha sin guantes en las manos y, junto a “Gula” (16), se encargaba del sacrificio y la presión constante al rival. Arriba, las presencias goleadoras de “Vicio” (11) y “Pasividad” (4) hacían que el arquero contrario tuviera más actividad de la que él mismo hubiera querido ver tan de cerca.

La mística del fútbol amateur apareció con una de las cosas que jamás se verán en un estadio profesional: el uso de las casacas para diferenciar a un equipo del otro. La noche devoraba la vista del “profe”, obligándolo a vestir a la Santa con un amarillo marcatextos que disfrazaba la piel del equipo en cuestión. Fue entonces, a partir del minuto cinco del encuentro, que “Alfa” adquirió el papel de local.

El descanso llegó con derrota parcial 1-2 para “Alfa”, y aunque el contraataque fue intenso durante la segunda mitad, “La Santa” logró aumentar la ventaja a un 4-1 que llenó de confianza. Entre charcos y balón mojado, la falta de refuerzos en el banco de los amarillos fluorescentes favoreció a “Alfa”, que de atrás y con el tiempo en contra comenzó a remontar el marcador. Minuto y medio restaba en el reloj cuando la ventaja se redujo a la mínima. El rival estaba encima y el 4-3 del marcador gritaba a los ojos de grada y jugadores de “La Santa” la racha que estaba a punto de quebrarse.

Y aquello que la lluvia anunció durante días que pasaría, por fin pasó. El árbitro dio muerte al juego y con eso a la racha que invadía a la Realidad, que en un acto simbólico, se despojó de la casaca como si fuera el mismo color marcatextos la carga de la que tenía obligación de liberarse.

La calma llegó para “La Santa”, pero dejó moraleja: Siempre, y sin aviso, puede volver a llover.

Share |