Triángulo, explosiones y desconcierto

    • jornada 1
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Triángulo, explosiones y desconcierto

(Jornada 1.- La Santa Realidad 10-1 Tottenham)

Berenice Mezcalina, corresponsal del diario “El Realista”.

Lluvia ligera. Los reflectores proyectan las sombras de los jugadores de la Santa Realidad sobre el pasto falso. Sombras raras: agudas y largas. Hacen pensar en espadas.

No hay portero ꟷMamers tuvo problemas en Lecheríaꟷ y Txomin va al arco. Su estabilidad absoluta de último hombre ꟷen pases, recorridos, lecturas, cabeza o trazos largos… ꟷ ahora se extiende a las manos. Descuelga un balón durísimo y alto a su izquierda que va al ángulo.

El rival ꟷTottenhamꟷ es débil. Una debilidad más posicional que de capacidades. Tres de sus jugadores ꟷel medio centro y los dos delanterosꟷ muestran talento e ideas; aquí y allá construyen aislados pasajes de rapidez y peligro. Hacia el final del partido, filtran un balón, le ganan la espalda al defensa y meten el único gol de un partido en el que, a causa de su desorden táctico, son masacrados.

La Santa Realidad mete gol cada 4 minutos: 10 goles en 40 minutos. Y que el 10-1 sepa a poco es lo que resulta más escandaloso.

La Santa se para 3-3-2 y traza sutilezas para cada una de esas dimensiones.

La dimensión de 3 defensas sigue la sutileza de un Triángulo en donde Rodrigo nunca pierde el centro ꟷo lo que es lo mismo: mantiene el control sobre la hipotenusaꟷ mientras Max y Morris bajan y suben, van y vienen, por los costados de tal manera que ꟷde acuerdo a las necesidades de ofenderꟷ distorsionan la naturaleza del triángulo: ya isóceles, ya escaleno, ya equilátero.

La dimensión de 3 en la media cancha ꟷAtayde al centro, Pablo a la derecha y Metzeri a la izquierdaꟷ sigue la sutileza de las Explosiones. La idea es sembrar miedo. Tener a los rivales alertas ante la idea de que vendrá un tiro en cualquier momento. Y en vez de tiro viene un pase filtrado. Y en vez de tiro viene una conducción hasta la línea de fondo. Y el tiro viene cuando el rival baja la guardia. Y el tiro, aunque alto, es lo suficientemente violento como para, otra vez, sembrar el miedo.

La dimensión de 2 delanteros sigue la sutileza del Desconcierto. Es el juego de las nubes: nunca estar bajo la misma forma ni en el mismo lugar. De ser fantasmas. Diego y Hugo (y César de cambio al medio tiempo). Uno arriba y el otro flota abajo; el que flota de pronto se jala a la derecha y el de arriba se bota hasta la media cancha. Y a veces los dos atacan por la izquierda y a veces atacan uno al lado del otro, rápidos y con movimientos diagonales. Y el desconcierto, en la defensa rival, provoca enojo. Porque de pronto el lateral izquierdo se queda sin marca y sube, pero cuando regresa descubre que los dos delanteros que desaparecieron han aprovechado su ausencia para colarse por su territorio.

De Triángulos, Explosiones y Desconcierto. La poética de la Santa ꟷtrazada por el DT “Maldad”ꟷ en esta temporada ha comenzado más geométrica, más agresiva y más abstracta que nunca. Su poética es la danza. Su poética es el vértigo. Su poética es la esperanza.

La esperanza de que un equipo formado por miedos ꟷen el que está prohibido gritarse o llegar ebrioꟷ transmita hermandad entre el brutal egoísmo de un deporte corrompido. Una poética vertiginosa en la que, en esta jornada inaugural de la temporada, cada jugador ha construido su identidad temporal.

Nombres asociados a miedos y miedos asociados a efímeros conceptos futboleros.

Txomin es “Desencanto” y en el campo convierte en Seguridad su desencanto.

Max es “Fracaso” y en el campo convierte en Inteligencia su fracaso.

Rodrigo es “Ansiedad” y en el campo convierte su ansiedad en Alegría.

Morris es “Olvido” y en el campo convierte en Determinación su olvido.

Atayde es “Gula” y en el campo convierte su gula en “Elegancia”.

Metzeri es “Angustia” y en el campo convierte su angustia en Sacrificio.

Pablo es “Artificio” y en el campo convierte en Pasión su artificio.

Diego es “Cansancio” y en el campo convierte en Contundencia su cansancio.

Hugo es “Vicio” y en el campo convierte en Asombro su vicio.

 César es “Descontrol” y en el campo convierte en Eficacia su descontrol.

Estamos, por lo tanto, ante un equipo místico. Que apuesta por el misterio, por el encanto, por la imaginación. Un equipo que juega con la convicción de estar narrando una historia épica.

Un 10-1, sin duda, es épico… aunque en la connotación de “fuera de lo común” que tiene la palabra.

Sin embargo, lo épico para la Santa es la búsqueda perpetua de construir un extenso poema sobre héroes en el que siempre intervenga lo maravilloso.

Hacia el final del partido ya no llovía. Los reflectores se apagaron y, sobre el pasto falso, los jugadores de la Santa Realidad perdieron sus sombras. Pero quedaron sus voces. Y alguien propuso ꟷsuponemos que el “Vicio”ꟷ caminar hacia Coyoacán y terminar la noche en un bar.

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