The Go Rounds: De mezcal, furia y belleza.

Por Luis Alberto González Arenas

Foto: Azahara Gómez 

    • The Go Rounds
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Siempre hemos sabido que el pecado de la música es sostener una intensa relación con el aguardiente, y el aguardiente tiene el don de conquistar siempre a la música. 


No es que esté poseído por Bukowski o tantos otros escritores, artistas y músicos para inyectar alcohol a la palabra—como si a ésta le hiciera falta—es simplemente un acercamiento a una metáfora que no podría desarrollarse sino es cociendo las cabezas de agave, esa palabra de origen griego que significa agradable. 


El alcohol y la música viajan intensos, pero hay una parte donde el efecto parece exceder sus causas: el espíritu, es allí cuando no se trata de alcohol, sino de bebida espiritual, ya no sólo se trata de música, si no de armonía profunda y entusiasta.  


Espíritu es la palabra en común, es donde la clasificación no basta, es donde se deja lo calculable y se da paso a lo sensual. Donde se deja el cansancio y nace el aliento. 


Kant lo adelantó cuando hablaba de la revolución, dijo que cuando un pueblo es rico en espíritu, ya fracase o tenga éxito, acumule desgracias o atrocidades, despierta en los corazones de todos los espectadores el sentimiento de tener que tomar partido de acuerdo a deseos que rozan el entusiasmo y que, puesto que su misma expresión no esta exenta de peligro, sólo pueden ser provocados por una disposición moral presente en la raza humana. 


El entusiasmo nos hace suyos cuando el horno de piso humea y libera a la tierra. Es una revolución entre la furia y la belleza, es una poza en donde se sumerge la música y el desierto para formar mezcal. 


"Los Go Raunds", como les apodarían en México, son una banda que se cuece aparte, pero dentro del mismo espíritu de una tierra humeante y sincera. Ellos traen los secretos de un pequeño pueblo llamado Kalamazoo, que tiene tantas virtudes como desamor, tanto encanto como raíces de sangre, es incluso así como se llama una planta que florea y que es nativa de esa región, Sanguinaria canadiensis es su nombre teórico y bloodroot, el popular. 


Así se conecta el suelo, de geografías tan distintas porque son tan similares. El desierto extendiendo su lienzo de mezcalina mientras la semilla de roja raíz, se esparce por hormigas. La escena de Kalamazoo es un secreto constante y The Go Rounds es su portavoz. 


La gira por México fue maravillosa: primero con el miedo y respeto de tomar el primer trago, de someter al cuerpo a una quemazón suculenta para después dar paso a la ferocidad y hermosura de la verdad. 


Graham, Drew, Mike y Adam brindaron con su música de intensa sangre y esta tierra la transformó en mexcalli, se volvió agave cocido, se torno en un horizonte de ambar, en un volcán nevado, en una poesía de Nepantla, en un Pedro con su lobo, un aro alrededor del sol, en agua cristalizada, en admiración de pasamontañas, en petardos alarmantes, en la mirada de cálidos cerros, en una flor entre las cuerdas de guitarra, en el poder de dos jaranas, en la oscuridad de Puccini y la Pax amorosa, en una familia de sangre, una hermandad de roca y arenas, en lenguaje que teje universos. 


Allí es donde la fuerza arremete y el amor subyugue. Ya el retorno se espera, para seguir comunicando el misterio que integra a tantas manos y voces que son testigos de cuando la tormenta encuentra la calma, cuando el desierto encuentra la semilla, cuando la pesadilla encuentra al desahogo y el llanto se funde en júbilo, de cuando la furia, encuentra la belleza. +

    • Furia y Belleza
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